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Los abogados españoles se acicalan para Chambers, la guía Michelin del sector

Comentarios de Esther Lozano García, Directora de Desarrollo Corporativo RLD para El Confidencial


Esther Lozano García, Directora de Desarrollo Corporativo, RLD

La fecha está marcada en rojo en el calendario: 20 de febrero. Ese es el día en que los despachos de abogados tienen que tener lista la primera tanda de 'submissions' para colocar a sus abogados en lo alto del podio de Chambers & Partners, el 'ranking' de abogados más importante del sector. Detrás de cada nombre y apellidos hay muchas, muchísimas horas de trabajo rellenando formularios y 'empaquetando' las candidaturas para escalar posiciones en un mercado cada vez más competitivo y donde no es fácil apear a las viejas glorias del sector.


"Los 'rankings' son uno de los pocos referentes externos de reputación que existen en el mercado legal y han adquirido esa importancia porque hay clientes que, en muchas ocasiones, los tienen en cuenta a la hora de elegir despacho de abogados para un tipo de operación concreta", explica Susana Claudio, directora de la consultora Band 1. "No hay ninguna otra herramienta así en el sector y sirve para diferenciarse. Ante la cantidad de despachos nacionales e internacionales, estos 'rankings' sirven para promocionarse ante tantos competidores".


Para Ana Delgado, responsable de Desarrollo de Negocio de Pinsent Masons, los 'rankings' "son una vara de medir" y hay que distinguir entre los que se basan en criterios objetivos y cuantificables (como la facturación) o subjetivos (relación con los clientes, medios...). No todos son iguales y hay que ser "crítico" a la hora de clasificar a un abogado en función de qué dicen de él los directorios.


Este año, los 'deadlines' (fechas límite de entrega) que manejan las firmas son, además del 20 de febrero, el 15 de mayo y el 4 de septiembre en función de las prácticas. No obstante, el trabajo que hay detrás de cada candidatura es mucho más amplio y no se limita a unos pocos días antes de las entregas. "El proceso es anual", apunta Delgado. "Internamente, las candidaturas se preparan a lo largo del año, ya que los equipos van reportando todas sus operaciones y esa es la información que, llegado el momento, se unifica y se presenta en la 'submission". Para Claudio, no existe una fórmula mágica para hacer una buena candidatura y, al igual que Delgado, cree que se trata más de una carrera de fondo que de un 'sprint' final. "El despacho tiene que demostrar con datos y evidencias por qué debe ser incluido en el 'ranking' o subir de categoría".


Y para ello es fundamental moldear día a día el bien intangible más importante para cualquier empresa: su reputación. Especialmente entre los clientes. Todos los profesionales consultados apuntan a que las referencias (positivas) son el andamiaje clave para construir una candidatura de éxito, aunque no todo vale. "No por enviar un listado de nombres importantes o de altos directivos significa que vayas a salir mejor posicionado", añade Esther Lozano, responsable de Desarrollo Corporativo de Grupo RLD. "Si esos clientes no están dispuestos a contestar los 'e-mails' o llamadas de los directorios, no sirve de nada mandar una lista vip". En este sentido, es importante que los clientes sean accesibles y no referenciar siempre a los mismos para evitar que se agobien.

Hasta aquí, la cara más conocida de Chambers y otros directorios como The Legal 500, porque aunque nadie duda de la importancia que tienen, también hay 'peros' sobre su funcionamiento. El primero y el que más se repite en el sector, y que también apunta Claudio, es la ingente cantidad de tiempo que lleva preparar las candidaturas, una inversión que muchas veces no tiene un retorno.

Otros responsables consultados también señalan la dificultad de que entren abogados nuevos en las bandas más altas de los 'rankings', donde suele ser habitual encontrar año tras año a los 'pesos pesados' de determinadas áreas y donde el margen para 'meter' caras nuevas es complicado. Otro problema añadido, esta vez a nivel interno de Chambers, es la rotación de los investigadores, que son quienes se encargan de elaborar los directorios y contrastar la información que envían los despachos. Si cambian mucho, las firmas están obligadas a empezar de cero las relaciones con ellos, lo que resulta ciertamente engorroso.

De cara al futuro, Chambers tiene varios deberes sobre la mesa. Desde la posibilidad de desarrollar directorios más sectoriales a afrontar el impacto que tecnologías como la inteligencia artificial pueden tener en el análisis de los datos que se utilizan. Todo ello, siempre y cuando se siga contando con el plácet de los clientes y quieran hablar. Porque, como señala Claudio, el día en que decidan no hacerlo quizá sea el final.


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